LILLE.- La Policía francesa desalojó ayer un campamento improvisado de más de 200 gitanos rumanos (incluidos unos 60 niños), luego de realizara acciones similares en París y en Lyon, donde cientos de inmigrantes indocumentados del este de Europa se vieron forzados a abandonar sus hogares. El ministro del Interior, Manuel Valls (foto), que cultiva una imagen de firmeza contra el delito, defendió las acciones como legales y necesarias por los riesgos sanitarios de cientos de personas viviendo en barrios improvisados. De este modo, el Gobierno socialista sigue calladamente la política de la anterior administración conservadora de Nicolas Sarkozy de repatriar a los inmigrantes ilegales, que generó críticas de la Unión Europea, la Iglesia Católica y grupos de derechos humanos en 2010. (Reuters)